EL DECALOGO

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ste decálogo del buen bebedor corre por La Rioja desde tiempo inmemorial. Estos diez preceptos son como "diez mandamientos" obligados para todo profesional o simplemente buen bebedor, Aquí están:

  • Después de elegidos los distintos integrantes del ágape, deberás escoger por ti mismo, y meditadamente, pensando con el paladar, los vinos que correspondan a cada uno de aquellos, sin dejarte aconsejar de los sirvientes cuyos conocimientos, por buenos que sean, deberás superar siempre si, de verdad, sabes organizar una reunión gastronómica.
  • No beberás ningún vino indistintamente en botellas o medias botellas. Si empiezas en un tipo de envase debes continuar con el adoptado primero, so pena de hallar al vino paladar distinto en cada uno, aunque su contenido sea el mismo, a causa de las diferencias de madurez que produce el distinto tamaño de la botella.
  • Advertirás que los vinos tintos -y aún algunos blancos- si son de cierta respetable edad, no vengan a tu mesa agitados, sino en su cestilla correspondiente, con el reposo necesario, y que sean servidas igual.
  • Comprobarás personalmente si te traen los vinos escogidos y el estado perfecto de sus envases y precintos, y no consentirás que descorchen ninguno si no es ante tus propios ojos y para servirlo inmediatamente en las copas que le correspondan.
  • No consientas abrir las botellas mientras no tengan la temperatura que deban, sin fiarte de cubetas improvisadas, calientes o frías, que lo mismo pueden ser, sin el tiempo requerido, dañinas que ineficaces.
  • Una vez servidas las copas en la medida prudente -«ni llenas ni vacías»- exige que las botellas permanezcan en la mesa o en una auxiliar, al alcance de la vista, aunque escancien los servidores cuando sea necesario, que no hay mejor adorno del comer que los vinos, si son buenos, ni mayor elegancia que entender de ellos, y nunca olvides que sin esa precaución, cuanto más ostentoso y caro sea el lugar donde comas y mejor lo que bebas, mayor maña se darán los sirvientes para hacer disminuir tus botellas y hacer aumentar la cuenta que te presentarán.
  • No hagas, en cambio, escurrir las botellas hasta agotarlas, sobre todo si se trata de vinos envejecidos en ellas, pues los posos deben quedar en el fondo como ejecutoria de su nobleza.
  • Escucha con atención las observación de tus compañeros de mesa, sobre vinos, cuando sean entendidos en enología, pues siempre aprenderás algo nuevo y combate, con amable entereza, las opiniones disparatadas que alguno emitir sobre el tema, aportando la razón de tus conocimientos, pues el autorizarlas con el silencio puede darles influencia fatal sobre los no avezados en vinos.
  • Prefiere beber bueno a beber mucho y nunca intentes completar una buena comida con vinos malos o inadecuados porque sólo conseguirás comer mal y beber peor.
  • No dejes de cumplir ninguna de estas normas por temor al ridículo. Piensa para tu tranquilidad que el público que te observa está comprendido sin remedio en unos de estos tres grupos: los sirvientes, posibles perjudicados, que no te tendrán por necio, sino por avispado, ni por despistado, sino por entendido; los que como tú sean refinados gastrónomos sólo con éstos debes sentarte a la mesa que compartirán tu actitud; y, en fin, los que no la adopten, por bobería ingénita o tímida cursilería, cuya opinión bien poco ha de importante.

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